Es al fondo, bajo esa luz tenue donde la historia cobró fuerza, tomó respiro y dio oportunidad de imaginarla real.
No se trata de narrarle al mundo cómo fue que todo sucedio, no se trata de explicar o de describir los acontecimientos, no es así porque, aunque escasos, cada uno de los compartidos quedará en sus memorias, entre sus historias y oculto en una que otra sonrisa discreta.
Es en la exageración de vivencias y de locuras que los ojos, el reflejo de los mismos, ha dado sentido a lo que ahora se percibe, a lo que ahora se propone y a lo que hasta la fecha no ha podido cumplir. ¿Será que la intensidad fue responsable de aislar del centro cada una de las decisiones? Tal vez la problemática es depositar ahí mucho lo que se cree tener, sin observar su entorno, y sin dar valor a eso que se ha vuelto seguro, pero que en el fondo no lo es.
Hoy entre todo me pregunto, ¿son las palabras un escape, un refugio?, ¿son una forma de gritar al viento lo que la boca censura?
