Días como hoy cambian el sentido, cambian el rumbo y mueven la imaginación, alteran los sueños trayendo a la mente recuerdos que parecen superados.
El peligro de los recuerdos reside en su negativa a abandonar la posibilidad de ser realidades, o al menos parecerlo.
Días como hoy en los que debería estar haciendo algo más, estoy aquí pensando en aquellos momentos que duelen, que pesan y que al parecer no pueden ser modificados...
Desaparecer los días como hoy tal vez significaría restarle emociones y sentidos alternos a una vida tan simple y -a veces- rutinaria como la mía, sin embargo confieso que las lágrimas y el dolor no son los visitantes más deseados.
Entender el sentido de cada acción implicaría restarle ese pequeño toque de misterio que hace que otros y otras se intriguen alrededor de un actuar que parece ajeno...
"Grita, atrévete, deja que todo pierda intención y libera esa alma atrapada"
La pregunta es ¿cómo liberar dicha alma atrapada en días como hoy con realidades tan dolorosas? ¿Perdonar, asimilar, olvidar? Resignar...
Días como hoy -que parecen eternos- son rescatados por una maravillosa sonrisa, por el roce de unos labios enamorados y sinceros que a pesar de hablar otro idioma en el amor hacen que ese enorme vacio deje de ser peligro para un alma con tanta sed de amar y ser amada.
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ResponderEliminarUna muestra más de que la longitud de párrafos no tiene que ser un signo de sabiduría y de veracidad. Pienso, que sólo quien se haya dicho "en días como hoy" puede entender la profundidad de aquellas jornadas de sol y de luna. Indudablemente la geometría sentimental a veces actúa como caleidoscopio y mueve todo lo que venga en sí. También, pienso que es la voluntad de ordenar ángulos donde radica la proeza de la superación emocional; aunque no es sólo eso, a veces hacen falta otras líneas, como el tiempo y el espacio. ¿Cuál es la respuesta correcta? Lo sabremos cuando digamos "hasta aquí llegué, no puedo ser más feliz"; un escenario al menos no deseado para mi.
ResponderEliminarPara la escritora sólo puedo decir que sin oírla, son las palabras más maduras que le he oído. Una madurez envidiable que esperaba ver/leer desde hace ya muchos ayeres.