Al inicio de este año jamás imaginé lo difícil que resultaría abordarlo y -aún más- resistirlo. Del final del 2010 la recuerdo con una infinita tristeza sentada en su mesa fingiendo que todo estaría bien, una vez más me pregunto será que ya sospechaba lo que sucedería tan sólo 4 meses después…
Desde aquel 12 de diciembre cuando la luz de pronto de apagó, cuando los sonidos me rescataron de un oscuridad inmensa y cuando empecé a desentender lo que me sucedía jamás imaginé que diez años después la respuesta más que satisfacerme haría a un lado la esperanza de pensar que todo saldría mejor.
Jamás olvidaré esa última llamada, que aunque en términos reales no fue así, en mi mente quedará guardada por esa frase dicha por alguien que, de paso en mi vida, me recordó que nada es eterno, que hoy nada es seguro. Tu preocupación constante, tu creencia de mi cercanía con el gobierno y tu necesidad de saber si me trataban bien sonaron en mi mente cuando aquel 15 de abril alguien, en una pregunta que me parecía completamente fuera de lugar, me cuestionó ¿a quién admiras? Minutos después la noticia de tu partida simplemente me quebró la voz y en cierta parte el corazón.
A veces creo que he deseado con más fuerza encontrar a alguien que entienda lo que siento a estar completamente bien. Esta realidad que ha empañado tantos años mi vida no puede echarse al olvido, no puede simplemente eliminarse como un mal recuerdo o una pesadilla.
Aquella madrugada del 2006, aquella llamada, aquella visita, aquel panorama pintaron de una extraña amargura mi vida. Sé que sonará cruel, sé que parecerá egoísta, pero han existido ratos en los que con mucha fuerza hubiera deseado no conocerte. La pregunta ante tal aseveración, el punto más importante de ese deseo, es si el no conocerte hubiera sido mejor para ti o para mí. Ambos sabremos siempre que no fui la mejor persona en tu vida.
Estos días no he podido sacar de mi cabeza que el próximo 10 de septiembre el teléfono no sonará con tu voz cantando alegremente y deseando con todo tu enorme corazón que mi cumpleaños sea feliz, que mis deseos se hagan realidad y que la salud invada mi vida.
Disautonomía llaman a esta enfermedad, disautónoma parece mi vida, disautonomía en el corazón que lastimado y a veces cansado busca la luz que lo saque a flote.
Y la pregunta constante…
¿Será que soy una mala persona y por ello merezco todo esto?
Una vez tú, tú 2006, tú bello amanecer me dijiste “Nadie sabe lo que merece”
Para eso que viene, a eso que va, a eso que se conserva, que se mueve, sigues en mí Amelia…

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