Entre el frío, la oscuridad y las hojas que ya no están, el invierno parecía llenarse de luz durante todos y cada uno de los diciembres...
La esperanza, la ilusión -totalmente alejada del consumismo-, el calor humano, los olores, la comida, todo ello daban a diciembre -y sus frías noches- la felicidad de saberse rodeados de algo que en palabras no encontraría significado. Sin embargo, hoy temo por diciembre, temo por su llegada y por la soledad que hará sentir tu ausencia, la falta de tus ganas y tu ilusión. Temo por diciembre porque no habrá más tu sonrisa, tu comida, y tu alegría. Temo por diciembre porque en el camino hacía una fecha que aunque para muchos resulta falsa y contruida, a mí me daba la oportunidad de mirar en tus ojos el verdadero amor, ese amor que -estoy segura- pocos han tenido la capacidad de sentir.
Y en el camino hacía descubrir el sentido que cobrará tu ausencia, hoy puedo decir que solía gustarme diciembre...

No hay comentarios:
Publicar un comentario