No sé cuántas aventuras vivimos, ni cuántas cosas nos soportaste en el camino hacia una supuesta madurez, pero jamás escatimabas en sonreír sentada desde tu mesa, ésa desde la que me viste pasar, donde me viste crecer.
A mi mente vienen imágenes de tu elección de esmalte de uñas para la semana, de los aretes que preferías día con día o de tu gusto por hacer pastel de carne.
Te extrañaré mucho, pero te sentiré cerca en cada recuerdo y en todo lo que, de ti, quedó en mí.
Gracias Helen...

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